El Baskonia y el riesgo permanente a la hora de fichar

Chris Duarte es la última apuesta inesperada del club alavés, cuyas limitaciones económicas le obligan a menudo a innovar con jugadores obligados a relanzar sus carreras

El Baskonia ha construido buena parte de su historia reciente sobre una idea tan sencilla como complicada de ejecutar: encontrar valor donde otros únicamente ven dudas. En un baloncesto europeo dominado por presupuestos cada vez más alejados, el club vitoriano ha tenido que agudizar el ingenio para competir con los grandes, convirtiendo el mercado en una herramienta estratégica y no solo en una cuestión económica.

No todas las apuestas han terminado igual. Algunas se convirtieron en auténticos golpes de mercado y elevaron el nivel del equipo; otras quedaron lejos de las expectativas creadas. Pero todas forman parte de una misma filosofía: anticiparse al resto y confiar en jugadores capaces de cambiar su trayectoria en Vitoria.

El último ejemplo de ello es Chris Duarte, quien tras aterrizar el pasado verano en el Unicaja como el fichaje estrella no ha cuajado en Málaga y buscará relanzar su carrera a partir de ahora en Vitoria. El exterior dominicano terminó apartado de la disciplina del equipo malagueño cuando era dirigido por Ibon Navarro tras la suspensión de empleo y serle incoados dos expedientes disciplinarios.

Apuestas ganadoras

La primera gran demostración de que el riesgo podía convertirse en oro llegó con Igor Rakocevic (2006-09). El escolta serbio salió rebotado del Real Madrid y aterrizó en Vitoria como un jugador de enorme talento ofensivo, aunque con un carácter competitivo que exigía encontrar el contexto adecuado. En el Baskonia alcanzó su mejor versión, se convirtió en uno de los grandes anotadores de Europa y dejó una huella imborrable en una época dorada del club.

Años después, la entidad volvió a acertar con una apuesta sumamente arriesgada como la de Ioannis Bourousis (2015-16). El pívot griego, recambio del desconocido Anosike, llegó tras perder protagonismo en el Real Madrid y con dudas sobre su capacidad para seguir siendo determinante en la élite. Su respuesta fue espectacular: lideró el juego interior azulgrana, firmó una de las mejores temporadas individuales que se recuerdan en Vitoria y fue una pieza clave para alcanzar la Final a Cuatro de Berlín.

En un baloncesto europeo dominado por presupuestos cada vez más alejados, el Baskonia ha tenido que agudizar el ingenio para competir con los grandes, convirtiendo el mercado en una herramienta estratégica y no solo en una cuestión económica

Más reciente es el caso de Vanja Marinkovic (2021-24). El escolta serbio llegó procedente del Valencia con talento y margen de crecimiento, pero todavía pendiente de consolidarse como un jugador importante en la Euroliga. En Vitoria ganó regularidad, confianza y madurez hasta convertirse en un exterior mucho más completo y con un valor de mercado mayor. De la capital alavesa puso rumbo al Partizan de su país natal con los bolsillos llenos de dinero.

La última gran apuesta de esta lista es Donta Hall (2024-25). Su llegada respondía a la búsqueda de un perfil físico y dominante cerca del aro, aunque existían dudas sobre su adaptación al baloncesto europeo y al estilo baskonista. Tras dos cursos bastante flojos en el Mónaco, su campaña en Vitoria resultó importante a la hora de recuperar la confianza

Bourousis fue una apuesta arriesgada que completó en Vitoria la mejor campaña de su carrera Euroliga

El rendimiento de Hall fue irregular por momentos y no terminó de convertirse en el pívot determinante que el equipo esperaba, pero su salida rumbo al Olympiacos permitió al Baskonia obtener un retorno económico por su apuesta. Un ejemplo más de que en el Baskonia el éxito de un fichaje no siempre se mide únicamente por sus estadísticas, sino también por la capacidad de generar valor.

Expectativas sin recompensa

La otra cara de la moneda aparece cuando el cartel, la trayectoria previa o las expectativas generadas pesan más que el rendimiento real sobre la pista. El Baskonia ha demostrado en numerosas ocasiones su capacidad para encontrar oportunidades de mercado, pero esa misma filosofía también le ha llevado a asumir riesgos con jugadores que finalmente no pudieron responder a la dimensión de la apuesta.

El caso más singular fue el de Lamar Odom (2014). Su desembarco en el Baskonia se convirtió en el fichaje más mediático de la historia reciente del club. El 18 de febrero de 2014, el club anunció la incorporación del campeón de la NBA y dos veces All Star.

Un jugador de su prestigio aterrizaba en Vitoria con la intención de recuperar sensaciones y convertirse en un referente en Europa. Sin embargo, la apuesta apenas tuvo recorrido. Un mes después, una lesión en la espalda le obligó a regresar a Estados Unidos. Su etapa azulgrana quedó reducida a dos partidos, convirtiendo uno de los fichajes más ilusionantes de la historia del club en una oportunidad que nunca llegó a materializarse.

Si Odom fue el golpe mediático, Andrea Bargnani (2016-17) representó la gran apuesta deportiva. El número uno del draft de la NBA en 2006 llegó a Vitoria como una estrella llamada a liderar el proyecto, pero las lesiones y la falta de continuidad marcaron su paso por el Baskonia. Aunque dejó destellos, como los 26 puntos ante Anadolu Efes en su estreno en Euroliga, apenas disputó 15 partidos europeos (8,8 puntos de media) y 14 de Liga Endesa (11,5 puntos). El club y el jugador separaron sus caminos en abril de 2017.

Tampoco terminó de funcionar la apuesta por Chase Budinger (2016-17). El alero estadounidense se incorporó al Baskonia en 2016 con el aval de siete temporadas en la NBA y la intención de convertirse en un jugador diferencial en Europa. Su capacidad atlética y su experiencia invitaban al optimismo, pero la adaptación al baloncesto FIBA y la falta de continuidad limitaron su rendimiento. En 29 partidos de Euroliga promedió 6,8 puntos y 3,8 rebotes, unas cifras alejadas de las expectativas generadas por su fichaje. Su paso por Vitoria dejó la sensación de una oportunidad que nunca terminó de explotar.

El paso de Bargnani por el Baskonia en la temporada 2016-17 no respondió a las expectativas Jorge Munoz

Sin explotar

El último ejemplo es Nik Stauskas (2019-20). El escolta canadiense recaló en el Baskonia el 1 de agosto de 2019 con el cartel de jugador NBA y la etiqueta de especialista desde el perímetro. Sin embargo, nunca terminó de encontrar su sitio en el equipo y el 12 de febrero de 2020 ambas partes acordaron rescindir su contrato.

El sonado éxito en la apuesta por Ioannis Bourousis, Igor Rakocevic o Vanja Marinkovic contrasta con el fracaso en otras operaciones que nadie vio venir como Lamar Odom, Andrea Bargnani o Nik Stauskas

Su paso por Vitoria fue breve y dejó la sensación de una apuesta que no llegó a explotar. El talento estaba fuera de duda, pero su adaptación al baloncesto europeo y al contexto del equipo no terminó de producirse. A Stauskas siempre se le recordará por una incomprensible falta a falta de tres segundos en el WiZink Center ante el Real Madrid que propició una derrota azulgrana en la Euroliga. 

El mercado del Baskonia siempre ha vivido en esa frontera entre la oportunidad y el riesgo. La misma filosofía que llevó al club a apostar por jugadores como Rakocevic, Bourousis, Marinkovic o Hall también le hizo confiar en nombres que no pudieron responder a las expectativas generadas.

Igor Rakocevic llegó a Vitoria tras unos años malos en el Real Madrid, pero como baskonista recuperó la confianza Wojciech Figurski

Pero esa es precisamente la esencia del modelo azulgrana: buscar talento donde otros no lo ven, asumir incertidumbres y aceptar que no todas las decisiones terminan igual. En un baloncesto cada vez más condicionado por el poder económico, el Baskonia ha convertido la capacidad para detectar oportunidades en una de sus mayores fortalezas.

Porque para encontrar un jugador capaz de cambiar la historia del club, antes hay que atreverse a apostar. Con Chris Duarte, el riesgo es latente una vez más: puerta grande o enfermería. Sin término medio.